10 nov 2009

TEMA 02: EL AMOR HUMANO REFLEJO DEL AMOR DIVINO

NOTA:

ESTOS TRABAJOS SE PODRÁN IMPRIMIR, PEGAR EN EL CUADERNO Y LEER DETENIDAMENTE. SOLO SI EL ALUMNO DESEA PODRÁ ELABORAR UN RESUMEN DE CADA TRABAJO (ESTO SE CONSIDERÁR PUNTOS EXTRAS EN ESTE MES POR MOSTRAR UN INTERES ANTE ESTOS PROBLEMAS: DE MARGINACION Y VIOLENCIA. ASÍ COMO EL INTERES EN EL ÁREA) , SI CAUSA ALGUNA DUDA SE DEBERA PREGUNTAR AL PROFESOR EN EL COLEGIO O VIA UN MENSAJE DE AL CORREO.

l. El hombre fue creado por amor para amar.- Tal vez la mayor semejanza del hombre con Dios es haber sido crea­do para amar, toda la vida del hombre se desenvuelve en esta atmósfera de amor, es como el aire que respiramos. Esta verdad ha sido revelada plenamente en el Nuevo Testamento, junto con el misterio de la vida intra-trinitaria: "Dios es amor (1 Jn 4. 8) y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor. Creándola a su imagen... Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor de la comunión. El amor es por tanto la vocación fundamental e innata de todo ser humano".

2. Todo el sentido de la propia libertad.- Del autodominio consiguiente, está orientado al don de sí en la comunión y en la amistad con Dios y con los demás.

3. El amor humano como don de sí.- La persona es sin duda capaz de un tipo de amor superior: no el de concupis­cencia, que sólo ve objetos en los cuales satisfacer sus propios apetitos, sino el de amistad y entrega, capaz de conocer y amar a las personas por sí mismas. Un amor capaz de generosidad, a semejanza del amor de Dios: se ama al otro, porque se le reconoce como digno de ser amado. Un amor que gene­ra la comunión entre personas, ya que cada uno considera el bien del otro como propio. Es el don de sí hecho a quien se ama, en el que se descubre, y se actualiza la propia bondad, mediante la comunión de personas, donde se aprende el valor de amar y ser amado.

4. El amor y la sexualidad humana.- El hombre está llamado al amor y al don de sí en su unidad corpóreo-espiritual. Feminidad y masculini­dad son dones complementarios, en cuya virtud la sexualidad humana es parte integrante de la concreta capacidad de amar que Dios ha inscrito en El amor y la sexualidad humana del hombre y de la mujer. "La sexualidad es un elemento básico de la personalidad; un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los otros, de sentir, expresar y vivir el amor humano". Esta capacidad de amar como don de sí tiene, por tanto, su «encarnación» en el carácter de respeto al cuerpo, en el cual está inscrita la masculinidad y la femini­dad de la persona. "El cuerpo humano, con su sexo, y con su masculi­nidad y feminidad visto en el misterio mismo de la creación, es, no sólo fuente de fecundidad y de procreaci9n, como en todo él orden natu­ral, sino que incluye desde el "principio" el atributo "esponsalicio", es decir, la capacidad de expresar el amor; ese amor, precisamente, en el que el hombre-persona se convierte en don y -mediante este don- realiza el sentido mismo de su ser y existir" .Toda forma de amor tiene siempre esta connotación masculino-femenina.

5. La sexualidad humana es un Bien.- Parte del don que Dios vio que "era muy bueno" cuando creó la persona huma­na a su imagen y semejanza, y "hombre y mujer los creó" (Gn 1, 27). En cuanto modalidad de relacionarse y abrirse a los otros, la sexualidad tiene como fin intrín­seco el amor, más precisamente el amor como donación y acogida, como dar y recibir. La relación entre un hombre y una mujer es esencialmente una relación de amor: "La sexualidad orientada, elevada e integrada por el amor adquiere verdadera calidad humana". Cuando dicho amor se actúa en el matrimonio, el don de sí expre­sa, a través del cuerpo, la complementa­riedad y la totalidad del don; el amor con­yugal llega a ser, entonces, una fuerza que enriquece y hace crecer a las personas y, al mismo tiempo, contribuye a alimentar la civilización del amor; cuando por el contrario falta el sentido y el significado del don en la sexualidad, se introduce una civilización de las "cosas" y no de las "personas"; una civilización en la que las personas se usan como si fueran cosas. En el contexto de la "civilización del placer", la mujer puede llegar a ser un objeto para el hombre; los hijos, un obstáculo para los padres.

6. El amor conyugal.- Cuando el amor se vive en el matrimonio, comprende y supera la amistad y se plasma en la entrega total de un hombre y una mujer, de acuerdo con su masculinidad y feminidad, que con el pacto conyugal fundan aquella comunión de personas en la cual Dios ha querido que viniera concebida, naciera y se desarrollara la vida humana. A este amor conyugal, y sólo a él, pertenece la donación sexual, que se "realiza de modo verdaderamente humano, solamente cuando se es parte integrante del amor con el que el hombre y la mujer se comprometen entre sí hasta la muerte".

A semejanza del amor de Dios, se ama al otro porque se le reconoce como digno de ser amado sin ningún tipo de discriminación; así pues, se busca el bien del otro como propio, sin ningún interés.

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